El turismo como última posibilidad de salvación para la fauna salvaje


A menudo el turismo es visto como un depredador de la naturaleza salvaje y de los últimos lugares vírgenes del planeta, así como un pervertidor de las culturas locales. Bajo cierto punto de vista, comparto dicha idea, especialmente, cuando el turismo es desaforado, sin control e irrespetuoso con el medio. De hecho, he de reconocer que huyo de los lugares masificados, grandes resorts y parajes convertidos en parques temáticos de cartón piedra.

Sin embargo, el turismo, eso sí, responsable y debidamente calibrado, puede ser la única salvación para la conservación de la naturaleza y de la vida salvaje, como sucede en los parques nacionales y reservas de África. En un mundo puramente capitalista, en el que lo único que cuenta es el beneficio y rentabilidad económica, que se le puede arrancar a un pedazo de tierra, el turismo y la sostenibilidad son conceptos que van inevitablemente de la mano.

Durante milenios el ser humano ha luchado con uñas y dientes en pos de dominar la naturaleza para asegurar su propio bienestar, lucha que se ha intensificado notablemente en los últimos siglos, asolando la mayor parte del planeta. Actualmente, comenzamos a darnos cuenta de los efectos y consecuencias que dicho dominio inconsciente ha supuesto para la Tierra y para sí mismo en consecuencia. Por tanto, existe una concienciación creciente en lo que se refiere a la importancia de su conservación. Sin embargo, siempre se ha de enfrentar el mismo obstáculo, el dinero. Los territorios, en estado salvaje, no producen casi alimento, ni minerales, ni combustibles y, por eso, dejan de generar capital para aquellos que los gestionan. Son, en consecuencia, territorios destinados a desaparecer, salvo que se les aplique otro tipo rentabilidad diferente que no conlleve su destrucción. En muchos países de África, como es el caso de Kenia y Tanzania, no paran de descubrirse día tras día innumerables recursos como metales y minerales preciosos, otros minerales cruciales para la industria actual, como el coltán, o combustibles como gas, petróleo, o uranio, tal y como sucede en el reciente y polémico caso de la Reserva de Selous en Tanzania.

Selous es la reserva más grande de África y alberga la mayor población de perros salvajes africanos (Licaon pictus) en grave peligro de extinción y la mayor población de elefantes de toda Africa Oriental. Perros salvajes africanos (Licaon pictus) en Selous UNESCO nombró la Reserva de Selous Patrimonio de la Humanidad en 1982 y la describe como un“inmenso santuario de 50.000 km2, poco alterado por la presencia del hombre, donde vive un gran número de elefantes, rinocerontes negros (aunque en los últimos estudios éstos parecen haber desaparecido como consecuencia del furtivismo), antílopes, jirafas, hipopótamos y cocodrilos. El parque comprende zonas de vegetación muy variadas, desde matorrales densos hasta praderas boscosas abiertas”.

Sin embargo ha tenido la mala suerte de poseer además de todos estos regalos de la naturaleza, la maldición de contener uranio bajo su suelo. Actualmente, como era de esperar, está abierto un proceso de modificación de sus límites, para poder así construir minas y explotar el terreno, robándole de este modo al planeta otro pedazo de naturaleza salvaje más.

Casos como este son incontables y es aquí, precisamente, donde el turismo puede suponer una gran ayuda. Más que eso puede suponer la última posibilidad para la preservación de la vida salvaje.

Con un turismo respetuoso, debidamente informado y controlado, puede dársele rentabilidad a un espacio salvaje y asegurar además su conservación. Pero esta es solo una de las formas en las que el turismo puede contribuir con el respeto por la naturaleza.Un turismo como el mencionado anteriormente, aprende a amar y valorar aquello que se vive y se experimenta en un viaje o actividad, lo que contribuye a que dichos turistas se impliquen y se conciencien de la importancia tanto de preservar la naturaleza, como de proteger a las personas y culturas locales. El turismo es fundamental para el flujo cultural, para el intercambio de información entre seres humanos y para aprender a respetarnos y amarnos los unos a los otros.

Por todo lo comentado anteriormente, animo a todo el mundo a lanzarse a la aventura de conocer y experimentar lo salvaje.

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